Una revisión del cuaderno de campo no es aleatoria. Sigue una lógica: primero se verifica que la explotación está identificada correctamente, después se contrasta la actividad registrada con la realidad de la finca. Conocer ese orden ayuda a preparar la documentación con criterio, no solo a acumular papeles.
Identificación de la explotación y del titular
El primer bloque que se revisa es quién es el titular, qué parcelas están asociadas y si los datos del registro de explotación coinciden con los que aparecen en el cuaderno. Cualquier discrepancia aquí condiciona todo lo que viene después, porque un tratamiento bien anotado en una parcela mal identificada genera una incoherencia desde el origen.
- Datos del titular y de la explotación
- Parcelas y superficie declarada
- Cultivos presentes en cada parcela
Coherencia entre registros de tratamientos y existencias
Después se comprueba si los tratamientos fitosanitarios anotados se corresponden con los productos que figuran en el almacén o en las facturas de compra. Un inspector busca que lo aplicado, lo comprado y lo que queda en stock cuenten la misma historia. Si en el cuaderno aparece un tratamiento con un producto del que no hay factura ni queda existencia, es un punto que se señala.
Esto no significa que haya que justificar cada gramo con precisión absoluta, pero sí que los números deben ser razonables y trazables. Un cuaderno de campo ordenado facilita esta comprobación porque permite seguir la secuencia sin saltos.
Plazos de seguridad y fechas de recolección
Un tercer punto habitual es revisar si entre la fecha del último tratamiento registrado y la fecha de recolección se ha respetado el plazo de seguridad del producto aplicado. Esta comprobación es sencilla si las fechas están bien anotadas, pero se complica cuando hay varias aplicaciones seguidas o anotaciones retrasadas respecto al día real de la labor.
- Fecha de aplicación de cada tratamiento
- Plazo de seguridad del producto según su etiqueta
- Fecha de recolección registrada
Uso de productos autorizados para ese cultivo
También se revisa si los productos aplicados están autorizados para el cultivo concreto que figura en la parcela. Un fitosanitario autorizado en un cultivo puede no estarlo en otro, aunque pertenezcan a la misma familia botánica. Este punto exige comprobar la etiqueta y el registro vigente del producto, no fiarse de memoria ni de un uso habitual en la zona.
Registros de fertilización y, si aplica, de riego
En explotaciones donde hay límites de fertilización, como las ubicadas en zonas vulnerables a nitratos, se revisa si las aportaciones registradas son coherentes con el programa de abonado y con los análisis disponibles. No siempre forma parte de la inspección, depende del esquema de certificación o de la normativa aplicable a esa explotación, pero cuando aparece se revisa con la misma lógica de trazabilidad: lo anotado debe poder sostenerse con documentación.
Procedencia del material vegetal
Por último, en explotaciones con plantación reciente o renovación de cultivo, se puede pedir documentación sobre el origen del material vegetal. Esto es especialmente relevante en Canarias, donde existen particularidades fitosanitarias propias para el movimiento de plantas entre islas o desde la Península. No basta con decir de dónde viene la planta; conviene poder acreditarlo.
Por qué el orden de revisión importa para el agricultor
Entender esta secuencia permite priorizar el trabajo antes de una auditoría. No tiene sentido perfeccionar el registro de fertilización si la identificación de parcelas tiene errores, porque ese fallo se detecta primero y puede condicionar la valoración de todo lo demás. Un cuaderno de campo bien llevado no es el que tiene más anotaciones, sino el que mantiene coherencia entre lo registrado, lo comprado, lo aplicado y lo recolectado, parcela por parcela.
El seguimiento continuado del cuaderno de campo, con revisión periódica y no solo antes de la auditoría, reduce el riesgo de encontrar estas incoherencias en el último momento.